Se ha ido para siempre Rubén Ardila. Sus amigos, colegas, discípulos, e infinitos lectores que tenía, le echaremos tristemente de menos.
Colombiano de nacimiento, era un psicólogo del mundo entero. Pero a la vez siempre recordaba unas raíces españolas, y sentía una fraternidad especial con todos los pueblos iberoamericanos, o latinoamericanos, como gustaba decir.
En la raíz de su formación psicológica estaba una psicóloga exiliada española, Mercedes Rodrigo, que dio los primeros pasos para establecer la carrera de psicología en Colombia, pasos que Rubén aprovechó y nunca olvidó. Y cuando, luego se dirigió a la psicología, tendrá en Ramon y Cajal uno de sus modelos: “ser un gran científico que trabajara en investigaciones de neurología y llegara muy lejos” (cuenta en su autobiografía).
Se formó en Nebraska como psicólogo experimental, y asumió, entre otras tareas, impulsar en el mundo latinoamericano esa psicología basada en la experiencia y la investigación, absolutamente homologable con la que se hacía en los países más punteros. Dos libros suyos, Walden Tres y Síntesis experimental del comportamiento, revelan su voluntad de conservar todo lo conservable del conductismo skinneriano, complementado en todo lo que fuera necesario con el estudio de la dimensión cognitiva y de la realidad histórico-social de la persona, y la demanda de progreso y libertad tan intensa en el mundo iberoamericano.
De este modo, su figura ha representado un nivel intelectual en todas las reuniones internacionales: era un modelo de investigador científico consciente de las preocupaciones humanistas de los países del Cono Sur. Es algo patente en el volumen que no hace mucho publicara con su correspondencia con grandes figuras de la ciencia internacional.
Ha dejado escritos más de treinta libros, -entre ellos una autobiografía muy sincera e interesante. Ha fundado revistas, como la Revista Latinoamericana de psicología; ha hecho la historia, y aun la prehistoria, de la psicología latinoamericana. Y ha procurado al mismo tiempo ir avanzando hacia lo que pensaba que iba a ser el futuro.
Los psicólogos en lengua española perdemos ahora una figura emblemática, pero en esa pérdida todos nos sentimos más próximos y hermanados. Pero su afán por combinar la ciencia universal y las exigencias nacionales de democracia y libertad seguirán siendo un modelo para todos. Como cantó Machado, “lleva quien deja, y vive el que ha vivido”.